Letters to Dana

Tuesday, October 05, 2004

El placer de saber que eres un caracolito

Hace poco caminando por la playa me encontre con una preciosa caracola. El agua del mar la acariciaba suavemente en su eterno vaiven, y me llamo tanto la atencion que no pude evitar recogerla. Era de un curioso color, oscuro, opaco, casi triste. Sin embargo, por dentro era de un rosa palido pero vivo, que contrastaba brutalmente con lo depresivo de su exterior.

Llevada inmediatamente por mi instinto, comence a introducir mis dedos, sucios de tierra y sal, por la abertura de la concha, y me sorprendi de ver como se destrozaba suavemente en mis manos. Sin embargo, la mayor sorpresa no fue aquello.

Dentro de la hermosa caracola me encontre conmigo misma, delirante, desnuda, humeda y fria, temblando con tanta fuerza que mis labios se tropezaban entre si. Mis brazos, delgados, se cruzaban sobre mi pecho, y mis manos se reunian en un abrazo mortal alrededor de mi cuello, haciendo esfuerzos por apretar, sin ningun exito aparente. Por mis labios entreabiertos escapaban fuertes exhalaciones, suspiros, y palabras sueltas, incoherentes. El cuerpecito debil y resollante de mi propio ser convulsionaba de frio incesantemente dentro de una sucia caracola tirada en medio de la arena, en una asquerosa playa publica, expuesto a quien quisiera destrozar la concha y verlo. Burlarse. Reirse un rato. Odiarme.

Lentamente, los ojos comenzaron a abrirse. Las manos soltaron el cuello y subieron hasta el cabello sucio y grasiento, enredandose entre los despeinados y encrespados rizos. Y me miro. Me mire a mi misma. Con odio, con repugnancia. Mi rostro hizo una mueca de asco ante mi y miro hacia atras; y justo en ese instante, despegue con algo de esfuerzo la espalda y se deslizo, caracola abajo, y, aunque intente detenerme, cai directo hacia la arena.

En el instante en que toque el suelo, me converti en un caracol. Un caracol marron, baboso, hediondo a mar y algas, a podredumbre, pequeño y debilucho. Un caracol digno de ser burlado, odiado y aplastado. Di un salto hacia atras al verme convertida en ese bicho tan repugnante y me mire con asco. O mejor dicho, mire con asco aquel despreciable animalejo, y solte la caracola.

La parte mas divertida de todo este relato es que la caracola cayo con la suficiente fuerza para aplastar y matar al caracol.





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--DEA--

se que mi blog no es tan interesante. pero al menos me parece mas productivo que un documental dia a dia de cosas que en realidad ni a mi me interesan.


1 Comments:

  • At October 5, 2004 3:20 PM, Blogger bureado said…

    ¡Simplemente me encanta! Sabes cuanto me gusta cuando escribes asi, tan metaforicamente, tan frescamente, tan expresivamente, tan Dea-mente... solo que no me gusta el tono depresivo -- pero supongo que no es tan fácil caminar hacia un arcoiris.

     

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